Introducción
El Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, con sus 40.662 hectáreas repartidas entre Málaga y Granada, es un espacio protegido dentro de la Red Natura 2000 como ZEPA y LIC, destacando por su riqueza ecológica y paisajística.
Durante siglos, sus montañas fueron fuente de recursos para las comunidades locales, con actividades como la extracción de resina, la producción de carbón vegetal, la ganadería extensiva y la minería, destacando la explotación de yacimientos de plomo, cinc y hierro.
Sin embargo, entre 1945 y 1953, la sierra se convirtió en refugio de los maquis, guerrilleros antifranquistas que resistieron al régimen en estas montañas. Para combatirlos, el Estado estableció una red de vigilancia con destacamentos en puntos estratégicos, entre ellos el Cerro Lucero, donde aún se conservan las ruinas del antiguo cuartel de la Guardia Civil.
Esta ruta no solo ofrece un desafío físico y paisajístico, sino también la oportunidad de recorrer un territorio donde la historia y la naturaleza se entrelazan, dejando su huella en cada sendero.
Ruta: Subida al Pico del Lucero desde Puente Cambril
Datos técnicos de la ruta
• Fecha: 9 de marzo de 2025
• Salida: 7:30 desde Albolote
• Tiempo estimado: 7-8 horas (ida y vuelta)
• Distancia: 15 km
• Dificultad: Alta
• Desnivel acumulado: 966 m
• Altitud máxima: 1.774 m
• Punto de inicio: Puente Cambril
• Recomendaciones: Ropa y calzado apropiado. Agua en cantidad suficiente. Comida.
• La vuelta desde el Cerro Lucero se realiza por el mismo camino de la subida.Advertencias y seguridad
La ruta es exigente, con tramos de fuerte pendiente y terreno pedregoso en la subida final. No hay fuentes de agua potable después de la Fuente del Agujerillo Caliente, por lo que es necesario llevar suficiente agua. En la subida y la cumbre hay zonas expuestas al sol, siendo recomendable llevar protección solar. La bajada es técnica en algunos tramos debido al terreno suelto, por lo que se recomienda precaución y el uso de bastones.
Cómo llegar a Puente Cambril
Para iniciar la ruta, primero se debe llegar a Fornes, un pequeño pueblo situado en las estribaciones de la Sierra de Almijara, en la provincia de Granada. Desde Fornes, se toma la carretera GR-3307 en dirección a Arenas del Rey. Aproximadamente 2 km después de Fornes, hay que estar atentos al margen izquierdo de la carretera, donde se encuentra el desvío hacia La Resinera.
Este desvío está indicado con un tótem de la Junta de Andalucía, que señala la entrada al Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama. Se gira a la izquierda y se toma una carretera hormigonada que lleva hasta La Resinera en aproximadamente 3 km.
La Resinera: historia forestal y protección del entorno
La Resinera fue un importante complejo industrial dedicado a la extracción de resina de los pinares de la sierra. Desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, la producción de resina fue una de las principales actividades económicas de la zona, proporcionando material para la fabricación de barnices, pegamentos y otros productos industriales.
Hoy en día, La Resinera alberga un punto de información del Parque Natural y un puesto avanzado de defensa contra incendios, desde donde se coordinan labores de prevención y vigilancia en la sierra. Además, dispone de una pista de aterrizaje para aeronaves del Plan INFOCA, utilizada en la lucha contra incendios forestales.
De La Resinera a Puente Cambril: la pista forestal
Desde La Resinera, la carretera pasa de hormigonada a pista forestal. A partir de aquí, el paisaje se vuelve cada vez más agreste, sumergiéndonos en el corazón de la Sierra de Almijara.
Este trayecto tiene aproximadamente 6 km y transcurre entre densos pinares y zonas abiertas con vistas a las montañas. Finalmente, se llega a Puente Cambril, donde se encuentra una barrera de control que impide el acceso a vehículos no autorizados. Aquí se estacionan los vehículos y se inicia la caminata.
Descripción de la ruta y puntos de paso
Desde Puente Cambril, la ruta comienza por una pista forestal que discurre paralela al Arroyo de la Venta, avanzando entre frondosos pinares. Poco después, se encuentra la Fuente del Agujerillo Caliente, un pequeño manantial natural donde se puede hacer una breve parada para refrescarse antes de continuar.
El sendero sigue en ascenso rodeado de pinos y, conforme se gana altura, se obtienen las primeras vistas de la cara oeste del Cerro Lucero.
Tras una subida progresiva por la pista forestal, se llega a la Caseta de Cuesta Parda, una antigua construcción utilizada por los resineros para almacenar herramientas y refugiarse. Aquí la ruta cambia: se deja atrás la pista forestal y se toma un sendero de montaña más estrecho, que asciende entre pinares en dirección al Collado de Cacines.
El sendero asciende hasta un cortafuegos, que lleva directamente al Collado de Cacines, un punto estratégico en la ruta.
Desde aquí, se puede tomar dos desvíos:
• Hacia el Puerto de Frigiliana y el Sendero de los Resineros.
• Hacia el Puerto Llano, por la cara oeste del Cerro Lucero, que es el camino que seguimos.
Desde el Collado de Cacines, se avanza por la ladera occidental del Cerro Lucero, donde el paisaje se abre y las vistas se hacen aún más espectaculares.
Se llega a Puerto Llano, un punto ideal para hacer una pausa y admirar el entorno. Aquí en ocasiones se pueden ver buitres leonados sobrevolando la zona e incluso algún águila real.
Después, se continúa hacia el Coladero de los Mosquitos, la última parte de la subida, donde el sendero se vuelve más empinado y rocoso, señal de que se está muy cerca de la cima.
Ascenso al Cerro Lucero desde el Collado de Cacines
El sendero asciende con fuerza por el Coladero de los Mosquitos, el tramo más exigente antes de alcanzar la cima del Cerro Lucero (1.779 m). La pendiente es pronunciada y el terreno pedregoso, con un trazado zigzagueante entre la roca caliza. Conforme se gana altura, el paisaje se amplía, permitiendo ver la silueta del Mar Mediterráneo al sur y, en días despejados, el perfil del Atlas marroquí en el horizonte. Desde la cumbre, la panorámica es espectacular: al norte, las cimas de La Maroma (2.069 m) y Navachica (1.832 m); al este, El Cielo (1.508 m); y al oeste, Cerro del Almendrón (1.514 m) y Cerro Lopera (1.393 m).
También se distingue la Venta de Panaderos, un enclave histórico en el Puerto de Frigiliana, donde antaño se refugiaban arrieros y viajeros. Más tarde, durante la posguerra, sirvió de escondite para los maquis que resistían en la sierra. Hoy apenas quedan sus restos, pero su historia sigue presente entre quienes recorren estas montañas. Un mirador natural inigualable que recompensa con creces el esfuerzo del ascenso.El Cuartel de la Guardia Civil en el Cerro Lucero
“En la cima del Cerro Lucero aún se pueden ver las ruinas del antiguo cuartel de la Guardia Civil, testigo de los eventos ocurridos en la sierra tras la Guerra Civil. Este enclave estratégico ofrece una panorámica espectacular y una conexión con la historia reciente de la zona.»
Los restos del cuartel del Cerro Lucero: un testigo de la historia
Al llegar a la cima del Cerro Lucero, los excursionistas no solo se encontrarán con un mirador natural de extraordinaria belleza, sino también con los vestigios de un capítulo de la historia reciente de España. Las ruinas del antiguo cuartel de la Guardia Civil, dispersas entre la roca y el paisaje agreste, son el único testimonio tangible de una época marcada por el conflicto y la supervivencia en estas montañas.
Este enclave, construido en 1949 tras los enfrentamientos ocurridos en diciembre de 1948, formó parte del sistema de vigilancia instaurado en la Sierra de Almijara. Su propósito era controlar los pasos de montaña, evitando que las partidas guerrilleras, conocidas como maquis, utilizaran la sierra como refugio en su lucha clandestina contra el régimen. Sin embargo, más allá de la estrategia militar, la realidad de la época fue dura para todos: los guardias, los guerrilleros y, sobre todo, la población civil, atrapada en medio de un conflicto que convirtió estas montañas en un escenario de resistencia y vigilancia.El cuartel estaba ocupado por seis guardias civiles y un cabo, quienes se relevaban cada 15 días. La comunicación con el exterior era limitada y dependía de señales con espejos, un método rudimentario que permitía enviar mensajes visuales hasta el puesto de la Guardia Civil en Nerja en los días de buen tiempo. Cuando la meteorología impedía esta comunicación, guardias procedentes de Nerja ascendían hasta la cumbre para transmitir y recibir órdenes de manera oral, asegurando así la coordinación con los mandos de la costa.
El abastecimiento del puesto recaía en los arrieros que transitaban por el Puerto de Cómpeta. Para poder desplazarse por la sierra, estos arrieros necesitaban un salvoconducto expedido por la Guardia Civil, en el que se especificaban los puntos de origen y destino de su recorrido. Como condición para obtener este permiso, estaban obligados a llevar suministros al cuartel del Cerro Lucero, lo que aseguraba la provisión de alimentos y bienes esenciales para los agentes destacados en la cima.
La permanencia en este puesto era difícil. El aislamiento, las condiciones extremas del clima y la constante tensión de una vigilancia incesante hacían que la vida en el cuartel fuera exigente para los guardias. Pero no solo ellos sufrieron las consecuencias de este periodo: la población local, en muchas ocasiones, quedó atrapada entre la necesidad de sobrevivir y las restricciones impuestas en la sierra, con controles, salvoconductos y una presencia militar constante.
Hoy, las ruinas del cuartel del Cerro Lucero permanecen como un testimonio mudo de aquel tiempo, una etapa de la historia en la que no hubo vencedores ni derrotados absolutos, sino años de sufrimiento y sacrificio en ambos bandos, especialmente para la gente de estas montañas. Para los senderistas que visitan este lugar, más allá del reto físico de la ascensión, el Cerro Lucero es también una invitación a la reflexión sobre el pasado, el valor de la memoria y la importancia de aprender de la historia.
A modo de despedida
Este documento ha sido elaborado para el Club de Senderismo El Bastón, con el objetivo de proporcionar una visión técnica e histórica de la ruta al Cerro Lucero. La historia de estas montañas es extensa y compleja, y lo aquí recogido es solo un breve resumen de un porcentaje muy elevado de los acontecimientos que tuvieron lugar en esta sierra.
Más allá del esfuerzo físico que supone esta ascensión, el recorrido nos invita a reflexionar sobre un pasado que marcó a todos los que vivieron en este entorno. Que esta ruta no solo sea un reto en el sendero, sino también una oportunidad para conocer y respetar la memoria de estas tierras.
Nos vemos en el camino.
Carlos Luengo

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